En las ciencias humanas hoy el cuento de la diferencia y del Otro se repite hasta el cansancio. ¡Qué trillados discursos hacen estos humanistas! Sin embargo, parece ser central en toda consideración cultural, política y filosófica el problema del que es distinto: del raro, del extranjero, del que no es del grupo, del que no cree en lo que yo creo; del que está afuera.
¿Qué peligro representa un emo para los demás? ¿Qué peligro representa un chico vestido de negro con corbata rosada en un concierto de rock? ¿Qué riesgo constituye el homosexual, el travesti, la prostituta? ¿Acaso es cierta la acusación que le hacen al homofóbico de tener dudas sobre su sexualidad? ¿Es miedo a una cierta “conversión”? ¿Acaso estos cientos de metaleros podrían haber sido “emotizados” por la manera de vestirse de este muchacho? ¿Qué hay en la mente de cada uno de los de esta manada cuando van como animales tras el débil?
No pierden vigencia Kant ni la Regla de Oro. Pensar de manera universal un comportamiento, o su motivación, o “ponerme en los zapatos” del otro, podría evitar estos comportamientos no sólo moralmente reprochables, violentos y lamentables, sino criminales. La agresión a este chico, incluso la que se ve en el video, es ya un delito. Volver la mirada a nuestra gente siempre deja mucho qué lamentar. Hay mucha pobreza en esta tierra: gente pobre de humanidad, de calidad humana: de respeto por la persona, tanto propia como ajena. No podemos hacernos los de las gafas, o “los gringos”, como se dice aquí, quizás pensando en cómo se van metiendo en las bases militares “de agache”. Lo que pasa en esta tierra nos compete. No podemos vivir como si no supiéramos que los niños de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta ayer y hoy mueren por desnutrición. Y no podemos tampoco obviar la muerte de otro niño en Maloka. Esto es también nuestra responsabilidad.
¿Qué hacer? Para comenzar sabernos parte de esto. Asumir que ahí, en cada niño muerto, morimos todos. No se trata de decirlo, sino de comprender en sentido heideggeriano: ser estas posibilidades. Asumir que así estemos felices en casita, quizás lejos, quizás cerca, les debemos algo a estos niños y a sus comunidades. Que le debemos algo a los emos, como también a estos metaleros. A todos, justicia.
Espero que pronto no se pueda ver este video, pues viola las condiciones de uso de un medio de difusión como Youtube. En él se agrede no sólo a una persona, sino a un grupo poblacional.
¿Qué pasaría si le pegáramos en la calle al que se pone tenis rojos, al que usa cresta, al que usa gafas de colores, al que se pone camisetas que promueven esto o aquello, al que fuma, al que paga impuestos y contribuye con este Estado asesino y corrupto, al que usa sombrero… sí, al del sombrero; esperemos que como dice el que puso el video, pronto pase esta maldita moda de usar sombrero, de dejarse el bigote, de usar convers sucios, rotos y rallados, de ponerse falda, de pintarse las uñas, de ponerse piercing, de tatuarse. A ver si de una vez por todas podemos vivir tranquilos la gente decente, la gente cool, la gente chévere, los bacanes, los igualitos.
¡Para cascar emos sí muy valientes, muy fuertes! Pero para hacer un mejor país…