Preguntándose por cómo gobernar, Mill descarta tanto la democracia, como la aristocracia y la monarquía. Muestra además que la supuesta mezcla de las tres formas de gobierno es imposible, por el primado de la ley natural de la “propensión de todo hombre a apropiarse de los objetos de deseo con menoscabo de los demás”. Entonces, tras recorrer la vía negativa que lo lleva a mostrar estas imposibilidades, propone el sistema representativo, descubierto en la modernidad, como opción. Para que éste funcione es necesario establecer el grado de su poder, de manera que sea suficiente para ejercer el control y garantizar los fines de protección y bienestar para los que se establece, además de ser necesario encontrar los medios para que se logre la identidad entre el interés del representante (sea uno o varios) y la comunidad. Tal medio o instrumento, no pudiendo quitárseles poder a los representantes (que ejercen control sobre los otros cuerpos políticos), porque con poder inferior al que tienen que controlar no podrían lograr nada, es entonces la restricción de la duración de su representación.
Dice Mill: “Cuanto menor sea el periodo de tiempo durante el cual un hombre se mantiene en su condición de representante en comparación con el tiempo durante el cual es un simple miembro de la comunidad, tanto más difícil le será compensar el sacrificio de los intereses del periodo más largo a los beneficios que le procura el mal gobierno durante el periodo más corto”. (Sobre el gobierno, VII).
Por lo que entiendo: si el periodo de representación no es muy largo, le queda difícil al representante favorecerse en sus asuntos de miembro ordinario de la comunidad, como podrían ser negocios con caballos, compra de tierras para él o su familia, establecimiento de empresas de recolección de basura y procesamiento de materiales reciclables, además, quizás, así así, se me ocurre horita, algo como comercialización de artesanías… ¿qué sé yo?Claro, si se perpetúa en el poder el representante, la natural tendencia a la apropiación de los objetos de deseo con menoscabo de los demás tiene la rienda (para hablar en términos de criador de caballos) suelta. Tal tendencia encuentra su más hábil satisfacción en el aumento de duración del periodo de representación.
Así, “la limitación de la duración de sus poderes constituye una garantía contra los intereses siniestros de los representantes del pueblo, y también parece que se trata de la única garantía que admite la naturaleza del caso”. Aunque claro, no puede ser un periodo tan breve que no permita realizar las tareas ni que obligue a hacer elecciones a cada rato.
¡Pero es que es el mismo señor desde que estaba en el colegio! ¿Tantán?